Sunitas y chiítas: las dos grandes ramas del islam y sus diferencias

La división entre sunitas y chiítas es la más importante del islam y tiene su origen en una disputa sobre la sucesión del profeta Mahoma que tuvo lugar apenas horas después de su muerte en el año 632 d.C. En ese momento crítico, la comunidad musulmana debía decidir quién asumiría el liderazgo político y espiritual del islam incipiente. Quienes apoyaban a Abu Bakr, suegro y compañero del profeta, defendían que el liderazgo debía recaer en el más capaz de la comunidad. Quienes apoyaban a Alí ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma, argumentaban que el liderazgo debía permanecer dentro de la familia del profeta.
La victoria de Abu Bakr, que se convirtió en el primer califa del islam, no cerró la disputa sino que la aplazó. La tensión estalló definitivamente en la batalla de Karbala, en el actual Irak, en el año 680 d.C., cuando Hussein ibn Ali, nieto del profeta y hijo de Alí, fue masacrado junto a su pequeño ejército por las tropas del califa omeya Yazid I. Para los chiítas, el martirio de Hussein es el acontecimiento central de su historia religiosa, conmemorado cada año durante la festividad de la Ashura con procesiones, lamentos y, en algunas comunidades, flagelaciones rituales.
Las diferencias doctrinales entre sunitas y chiítas van más allá de la disputa original sobre la sucesión. Los chiítas tienen una concepción del liderazgo religioso más centralizada y jerárquica, basada en la figura del imán, un descendiente de Alí con autoridad espiritual especial. La rama chiíta más numerosa, los llamados duodecimanos, creen que el duodécimo imán de la línea de Alí no murió sino que entró en ocultación en el siglo IX y regresará al final de los tiempos como el Mahdi. Los sunitas, que representan aproximadamente el 85 por ciento de los musulmanes del mundo, no reconocen ninguna autoridad religiosa comparable y se guían principalmente por el Corán, los hadices y el consenso de la comunidad.
Geopolíticamente, la división sunita-chiíta sigue siendo uno de los ejes principales de los conflictos del Oriente Próximo contemporáneo. Irán, el estado más poderoso del chiísmo mundial, y Arabia Saudí, el guardián del islam sunita y de los santos lugares de La Meca y Medina, mantienen una rivalidad regional que se proyecta sobre los conflictos de Siria, Yemen, Irak, Líbano y Bahréin. Sin embargo, los expertos advierten contra la tentación de reducir estos conflictos a una dimensión puramente religiosa: los factores geopolíticos, económicos y étnicos tienen un peso igual o mayor que las diferencias doctrinales en la mayor parte de los casos.
