Stalin y el estalinismo: el hombre que transformó la URSS mediante el terror

Iósif Vissarionovich Dzhugashvili, conocido en la historia como Stalin, el hombre de acero en ruso, nació en 1878 en Gori, una pequeña ciudad de la entonces provincia rusa de Georgia. Hijo de un zapatero alcohólico y de una lavandera devota, tuvo una infancia difícil marcada por la pobreza y la violencia doméstica. Estudió en un seminario ortodoxo de Tiflis antes de abandonar los estudios para unirse al movimiento revolucionario bolchevique a comienzos del siglo XX, período en el que realizó atracos bancarios para financiar al partido y fue arrestado y deportado a Siberia en varias ocasiones.
Su ascenso al poder máximo de la Unión Soviética fue gradual y calculado. Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin maniobró hábilmente en el complejo juego de alianzas internas del Partido Comunista para eliminar a sus rivales uno a uno. León Trotsky, el más brillante y carismático de los posibles sucesores de Lenin, fue marginado, expulsado del partido, exiliado y finalmente asesinado en México en 1940 por un agente de la NKVD, la policía secreta soviética. Para 1929, Stalin era el líder indiscutible de la URSS.
Las Grandes Purgas de 1936 a 1938 representaron el punto álgido del terror estalinista. En ese período, Stalin ordenó el arresto, tortura, juicio sumario y ejecución o envío al Gulag de decenas de miles de personas, incluyendo a prácticamente toda la cúpula del Ejército Rojo, los líderes históricos del partido bolchevique y millones de cinos soviéticos acusados de espionaje, sabotaje o traición en procesos judiciales kafkianos. Las estimaciones del número total de víctimas del estalinismo, incluyendo los muertos por hambruna en Ucrania durante la colectivización forzada de 1932-33, oscilan entre diez y veinte millones de personas.
La paradoja del estalinismo es que coexistió con logros industriales y militares genuinamente extraordinarios. La URSS pasó de ser una economía fundamentalmente agraria a convertirse en la segunda potencia industrial del mundo en menos de dos décadas gracias a los planes quinquenales. El Ejército Rojo, devastado por las purgas pero reconstituido después de la invasión alemana de 1941, terminó derrotando al ejército más poderoso de Europa occidental y llegando a Berlín en 1945. Esta combinación de terror y éxito es lo que hace tan moralmente complejo y tan históricamente fascinante el análisis del período estalinista.
Stalin murió el 5 de marzo de 1953 de una hemorragia cerebral, posiblemente sin recibir atención médica a tiempo por el miedo de sus colaboradores a actuar sin su aprobación. Su sucesor Nikita Jrushchev pronunció en 1956 el célebre Informe Secreto ante el XX Congreso del PCUS, en el que denunció los crímenes de Stalin y desencadenó el proceso de desestalinización. Sin embargo, la rehabilitación pública de Stalin en Rusia ha experimentado un notable aumento en las últimas décadas, con encuestas que muestran que una parte significativa de los cinos rusos lo considera uno de los líderes más importantes de la historia de su país.
