Homo habilis: el primer ser humano que fabricó herramientas de piedra

El Homo habilis vivió en África oriental y meridional hace entre 2,4 y 1,4 millones de años, durante el Pleistoceno temprano. Fue descubierto oficialmente en 1960 en la Garganta de Olduvai, en la actual Tanzania, por un equipo liderado por los paleoantropólogos Louis y Mary Leakey. La descripción formal de la especie fue publicada en 1964 en la revista Nature y generó desde el primer momento un intenso debate científico.
La principal razón por la que los Leakey propusieron una nueva especie fue la asociación de estos fósiles con herramientas de piedra tallada de la llamada industria olduvayense, la más antigua conocida en ese momento. Las herramientas olduvayenses son relativamente sencillas: lascas de roca volcánica obtenidas golpeando un núcleo con otro canto rodado, pero representaban un salto cualitativo monumental.
Físicamente, el Homo habilis tenía rasgos intermedios entre los australopitecos que le precedieron y el Homo erectus que vendría después. Su cerebro era notablemente mayor que el de los australopitecos, con un volumen de entre 510 y 680 centímetros cúbicos. Su cara era menos protruyente y sus dientes eran proporcionalmente más pequeños, lo que sugiere una dieta más variada.
Sin embargo, el Homo habilis conservaba muchos rasgos arcaicos. Sus brazos eran relativamente largos en comparación con sus piernas, lo que indica que probablemente pasaba tiempo en los árboles. Esta combinación de rasgos primitivos y avanzados ha generado un debate permanente sobre si debe considerarse realmente del género Homo.
Las herramientas olduvayenses que fabricaba no eran solo instrumentos de corte. Los análisis de marcas en huesos encontrados en el mismo yacimiento indican que el Homo habilis utilizaba estas lascas para descarnar carcasas de animales, obteniendo proteínas y grasas animales fundamentales para el desarrollo cerebral de sus descendientes.
La fabricación de herramientas implica capacidades cognitivas significativas: la capacidad de planificar con antelación, de reconocer las propiedades de distintos tipos de roca y de transmitir conocimientos técnicos a otros individuos. El Homo habilis representa no solo el inicio de la cultura material, sino quizás los primeros balbuceos de la transmisión social del conocimiento.
