La Peste Negra: la pandemia que mató a un tercio de Europa en el siglo XIV

La Peste Negra llegó a Europa en 1347 a bordo de doce barcos genoveses procedentes del mar Negro que atracaron en el puerto siciliano de Mesina. Los marineros que llegaron vivos presentaban síntomas aterradores: bubones negros supurantes en las axilas y la ingle, fiebre altísima, vómitos de sangre y un olor insoportable. Las autoridades portuarias ordenaron a los barcos alejarse del puerto inmediatamente, pero ya era demasiado tarde.
La enfermedad estaba causada por la bacteria Yersinia pestis, aunque esto no se sabría hasta el siglo XIX. Se transmitía principalmente a través de las pulgas que parasitaban las ratas negras, abundantes en los barcos, los mercados y los almacenes de grano medievales. También podía transmitirse directamente de persona a persona en su forma pulmonar. Una persona infectada en su forma neumónica podía morir en menos de 48 horas.
La epidemia se extendió por Europa a una velocidad alarmante, siguiendo las rutas comerciales. En 1348 ya había arrasado Italia, Francia y España. En 1349 llegó a Gran Bretaña, Alemania y Escandinavia. Hacia 1353 había alcanzado Rusia. Las estimaciones más conservadoras hablan de 25 millones de muertos en Europa; las más elevadas superan los 50 millones.
Las consecuencias demográficas fueron tan graves que algunas regiones no recuperaron su población previa a la epidemia hasta doscientos años después. El impacto en la fuerza de trabajo fue tan profundo que transformó las relaciones económicas: los campesinos supervivientes, ahora escasos y por tanto valiosos, pudieron negociar mejores condiciones con los señores feudales, lo que contribuyó al declive del feudalismo.
La Iglesia Católica sufrió un golpe brutal. Incapaz de explicar el origen de la enfermedad ni de ofrecer protección eficaz, su autoridad moral se resintió notablemente. Al mismo tiempo, miles de clérigos murieron atendiendo a los enfermos, agravando la escasez de personal eclesiástico.
En el plano cultural, la muerte omnipresente dejó una huella imborrable en el arte y la literatura medievales. La Danza de la Muerte se convirtió en uno de los temas más recurrentes de la pintura y la escultura del siglo XIV y XV. El Decamerón de Boccaccio, escrito precisamente durante la epidemia de 1348 en Florencia, es quizás la obra literaria más famosa surgida directamente de la experiencia de la Peste Negra.
La humanidad no aprendería los mecanismos reales de transmisión de la enfermedad hasta el siglo XIX, cuando el bacteriólogo Alexandre Yersin aisló el bacilo causante durante la epidemia de Hong Kong de 1894. Para entonces, la Peste Negra había regresado periódicamente a Europa en oleadas sucesivas durante más de tres siglos.
