Ardipithecus ramidus: el ancestro humano que reescribió nuestra historia evolutiva

Fósiles del Ardipithecus ramidus, ancestro humano del Plioceno

El Ardipithecus ramidus fue descubierto en la región de Afar, en el norte de Etiopía. El hallazgo principal consistía en los fragmentos de un esqueleto parcial correspondiente a una hembra adulta, bautizada como Ardi, que fue excavado y analizado durante 15 años antes de ser publicado en la revista Science en 2009.

Con 4,4 millones de años de antigüedad, es uno de los homínidos más antiguos conocidos y vivió más de un millón de años antes que la famosa Lucy. Esto lo sitúa muy cerca del momento en que la línea evolutiva que conduciría a los humanos modernos se separó de la que llevaría a los chimpancés, separación que los estudios genéticos sitúan hace entre 6 y 7 millones de años.

Los hallazgos de Ardi desafiaron varias hipótesis consideradas casi dogmas. Muchos investigadores habían asumido que los primeros homínidos debían parecerse mucho a los chimpancés modernos: que caminaban apoyándose en los nudillos y que tenían grandes colmillos para competir. Ardi demostró que esta imagen era errónea.

El pie de Ardi tenía un dedo gordo oponible, lo que indica que pasaba tiempo en los árboles. Pero la estructura de su pelvis mostraba adaptaciones para la bipedación, sugiriendo que la bipedación no evolucionó en la sabana abierta, como se había pensado, sino en entornos boscosos.

Los machos de Ardipithecus tenían caninos relativamente pequeños, no muy diferentes de los de las hembras. En los chimpancés, los grandes colmillos masculinos son armas de competición. La reducción del tamaño de los caninos sugiere que la competencia intrasexual violenta había disminuido, posiblemente porque los machos comenzaban a adoptar estrategias de provisión de alimento a las hembras como forma de asegurar su éxito reproductor.

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