Proyecto Manhattan vs Proyecto Uranio: la carrera por la bomba atómica

La posibilidad de que una reacción nuclear en cadena pudiera liberar cantidades enormes de energía era conocida en los círculos científicos desde que Otto Hahn y Fritz Strassman demostraron la fisión del uranio en Berlín en diciembre de 1938. En pocos meses, científicos de todo el mundo comprendieron las implicaciones militares del descubrimiento.
El programa alemán contaba con ventajas formidables sobre el papel. Alemania tenía algunos de los mejores físicos del mundo, incluyendo a Werner Heisenberg, que dirigió el esfuerzo nuclear. También tenía acceso al único suministro de agua pesada de Europa y controlaba las minas de uranio de Checoslovaquia.
Sin embargo, el programa alemán nunca estuvo cerca de producir una bomba. El éxodo de científicos judíos y disidentes provocado por el nazismo privó a Alemania de una generación entera de físicos brillantes, muchos de los cuales terminaron trabajando para el Proyecto Manhattan. Heisenberg además cometió un error de cálculo fundamental sobre la masa crítica de uranio necesaria, estimando que sería necesaria una cantidad de varias toneladas cuando en realidad bastaban unos pocos kilos.
El Proyecto Manhattan, iniciado en 1942 bajo la dirección del general Leslie Groves y el físico Robert Oppenheimer, movilizó a más de 130.000 personas y costó más de dos mil millones de dólares. Su éxito fue demostrado en la prueba Trinity del 16 de julio de 1945 y en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.
La prioridad estratégica alemana estaba en las armas que podían usarse en el corto plazo: los cohetes V-2 y los aviones a reacción. El proyecto nuclear, que requería años y enormes recursos para dar frutos, nunca recibió el apoyo político que el Proyecto Manhattan recibió de Roosevelt.
El 6 de agosto de 1945, cuando la bomba Little Boy destruyó Hiroshima, el mundo supo que la humanidad había cruzado un umbral irreversible. La carrera atómica había terminado, pero la era nuclear apenas comenzaba.
